Un tercio de la población padece sensibilidad a los olores

Los olores son una cosa curiosa. La misma fragancia floral que encanta a algunos puede resultar detestable para otros. Ese gel de ducha a base de cítricos que uno encuentra ideal para empezar el día, a otro le parece inconcebible. Hay quien no come naranjas por no soportar el olor que deja en las manos al pelarla, mientras que a otros les parece delicioso.

Un estudio sugiere que esa aversión a los aromas fuertes puede deberse a algo más que al gusto, y que la sensibilidad a los olores podría, en realidad, causar reacciones serias en algunas personas..

Para la investigación, publicada en la revista Preventive Medicine Reports se pidió a 1.100 voluntarios que completaran un cuestionario con sus experiencias con productos aromatizados, como ambientadores o productos de limpieza o de lavado, y relataran cualquier reacción que hubieran podido desencadenar.

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Una tercera parte de los participantes informó que había tenido problemas con ese tipo de productos. El más frecuente fue “dificultades respiratorias”, que fue citado por el 17% de ellos.

Otras reacciones fueron síntomas en las mucosas, como congestión o lagrimeo (14%), migrañas (10%) y problemas en la piel (9,5%). Hasta un 7,6% informó de ataques de asma y un 5% declararon haber sufrido síntomas neurológicos, como mareos o incluso desmayos.

“Basándonos en nuestra hallazgos, está claro que los efectos en la salud de la sensibilidad a los olores son inmediatos, serios y potencialmente incapacitantes”, dijo la Dra. Anne Steinemann, de la Melbourne School of Engineering, directora de la investigación.

“Hay gente que no puede siquiera entrar en unos lavabos públicos o incluso en algunas tiendas, so riesgo de sufrir un ataque de asma. Esta pérdida de funcionalidad hace que la sensibilidad a los olores no es simplemente un problema de salud, sino también social y económico”, añadió.

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Qué hacer si padece sensibilidad a los olores

Si cree que podría ser sensible a los olores, hay varias cosas que hacer para protegerse. Como primera medida, es importante suprimir todos los ambientadores (que por supuesto no mejoran la calidad del aire) y abrir las ventanas y ventilar a fondo. Con esto se asegurará de respirar aire fresco y limpio.

Si los productos de limpieza son los causantes del problema de fondo (algunos de ellos pueden tener potentes agentes aromatizantes), no dude en volver a lo sencillo: back to basics. Productos simples como el vinagre o el bicarbonato son excelentes limpiadores; como alternativa, verifique la etiqueta de los productos que vaya a comprar.

Y, claro, no lo sufra en silencio. Diga a sus amigos y colegas que esos olores le revuelven las tripas. “¡Dígalo! Ninguno de esos productos aromatizados sirve para nada; son un riesgo comprobado para la salud y, desde luego, no mejoran la productividad o consideraciones similares”, concluyo Steinemann.

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