Lo que todos los padres deberían saber sobre primeros auxilios a bebés

Padres, abuelos o cuidadores, tener claras algunas pautas de actuación en caso de emergencia médica con niños pequeños… Bueno, sencillamente puede salvar una vida. Y conocerlas va a darle una nueva tranquilidad, cuando esté a cargo de un niño pequeño.

Es muy importante conocer estas reglas de primeros auxilios: es clave saber qué hacer ante una emergencia. Ojalá que nunca hubiera que aplicar estos conocimientos, pero dar a los padres la seguridad de que actuarían correctamente en esos casos es relativamente sencillo. Además, no se trata sólo de los padres. Animamos a todo el mundo a que se siente un rato y aprenda estas técnicas: podrán, quién sabe, ayudar a otros.

En muchos casos, hay que actuar como si se tratara de un adulto. Si un niño tiene un corte y sangra abundantemente habrá que hacer lo mismo: apretar la herida para contener la hemorragia, llamar a urgencias y mantener apretada la compresa contra la herida hasta que aquélla llegue.

Pero hay casos que requieren pequeñas modificaciones, fundamentalmente por el tamaño de la persona que necesita ayuda. Las siguientes situaciones, muchas de ellas relativamente frecuentes en bebés y niños pequeños, deben tratarse como sigue.

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1. Asfixia

¿Qué está pasando?

Posiblemente el niño se ha tragado algo y se le ha quedado atascado en la garganta, impidiéndole respirar bien. No podrá igualmente toser, llorar, gritar o emitir los ruidos usuales.

Mantenga la calma. Probablemente esté usted aterrado, quizá también frenético. Que alguien a su alrededor llame a la ambulancia mientras intenta resolver el problema con el niño. Si está solo, ponga el teléfono en manos libres. Es posible también que consiga alguien que le guíe mientras llega la ayuda.

Qué hacer

1. Dele hasta cinco palmadas en la espalda

©British Red Cross

  • Mantenga al niño boca abajo, en sus rodillas, de modo que la cabeza esté más baja que el resto.
  • Sujete con firmeza al niño y, con la parte de la palma de la mano más cercana a la muñeca, golpéele en la espalda, entre los omóplatos. Tendrán que ser golpes firmes para que hagan efecto.

Si esto no funciona…

2. Oprímale en el pecho

©British Red Cross

  • Dé la vuelta al niño de modo que quede boca arriba, con la cabeza como muestra la imagen. Ponga dos dedos en el pecho, donde acaba el esternón, y oprima firmemente hacia abajo. Esta maniobra comprimirá el aire en los pulmones y con suerte liberará el bloqueo.

3. Si aún no funciona, llévelo a Urgencias

  • Mientras llega la ayuda, continúe con las maniobras anteriores, alternándolas.

Si tiene usted éxito con sus maniobras, le corresponderá decidir si el niño necesita atención médica o no.

2. Convulsiones febriles

¿Qué está pasando?

Las convulsiones se producen básicamente cuando el niño está demasiado caliente, algo producido habitualmente por una infección y si además está demasiado abrigado. Es más frecuente de lo que se puede creer y se presenta en algún momento en 1 de cada 20 niños. La causa última es que el organismo infantil no está lo suficientemente desarrollado como para controlar su propia temperatura.

Los síntomas más frecuentes son: el niño mantiene los puños cerrados, se arquea hacia atrás, tiene temblores, gira incontroladamente los ojos y tiene la cara roja y congestionada.

Qué hacer

1. Evite que se haga daño

  • No trate de sujetarlo.
  • Quite los objetos que podrían hacerle daño y use almohadas o cojines para protegerle la cabeza.

2. Enfríele

  • Piense qué hacemos cuando tenemos calor: ¡Desvestirnos! Refrésquele con mimo, quitándole la ropa poco a poco.
  • Ajuste la temperatura de la habitación. Lo mejor es abrir la ventana y apagar la calefacción.

3. Cuando las convulsiones cesen, acuéstelo de lado con la cabeza inclinada hacia atrás.

Y después

Si es la primera vez que le sucede, lleve al niño al médico, que eventualmente recomendará llevarlo al hospital. Todo esto puede dar pánico a los padres (o a los abuelos), pero tenga presente que las convulsiones no afectarán al niño y muy raramente tendrán efectos posteriores. Todo se debe a que están demasiado calientes.

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3. Quemaduras

¿Qué está pasando?

En todas las casas hay muchas cosas por medio que pueden producir quemaduras a los niños, desde una bebida caliente hasta un secador de pelo recién apagado. Muchas de ellas no producirían una quemadura a un adulto, pero sí a un niño, que tiene la piel mucho más sensible.

Qué hacer

1. Enfríe el área quemada

  • Ponga la quemadura bajo el chorro de agua fría y manténgala así un mínimo de diez minutos.
  • Esto es lo más importante y también lo más difícil, pues mantener al niño quieto durante diez minutos puede no ser tarea fácil.
  • Si no tiene a mano agua corriente, cualquier líquido frío valdrá mientras consigue agua fría.

2. Una vez fría, cubra la quemadura con plástico (film) de cocina

  • La razón para usar el plástico es que no se adhiere a la piel (sólo se adhiere a sí mismo), detiene la posible infección y mantiene limpia la zona.
  • Si no dispone de film de cocina, una bolsa de plástico limpia podrá valer. Asegúrese de no apretarla demasiado.

Y después

Si un niño se ha quemado, siempre es necesario acudir al médico.

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4. Se ha envenenado

¿Qué está pasando?

Los envenenamientos accidentales suponen el 2% de los accidentes domésticos en España, y se producen fundamentalmente en niños de 0 a 5 años. Hay docenas de cosas en las casas que pueden producir un envenenamiento, desde detergentes a medicinas. Los productos peligrosos suelen mencionar en la etiqueta que deben “mantenerse fuera del alcance de los niños”. Si esto se siguiera a rajatabla, este punto casi estaría de más.

Qué hacer

1. Averigüe:

  • ¿QUÉ ha tomado?
  • ¿CUÁNDO lo ha tomado?
  • ¿CUÁNTO ha tomado?

En urgencias, o el médico de la ambulancia, será lo primero que necesitarán saber.

2. Llame inmediatamente a una ambulancia o lleve al niño a Urgencias

  • No le dé nada de beber (ni agua) pues podría acelerar la absorción del veneno en el organismo.
  • No le haga vomitar, pues dependiendo de lo que haya ingerido podría causar un daño adicional al salir.


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