Análisis de sangre

¿En qué consiste?

Los análisis de sangre son una herramienta de gran utilidad para el diagnóstico. La sangre está compuesta por diferentes clases de células y una parte líquida, llamada plasma, que contiene varias sustancias, como sales y proteínas. La sangre fuera del organismo se coagula porque sus células y proteínas se hacen sólidas, quedando una parte líquida que se denomina suero, que puede ser analizado en pruebas químicas y análisis del sistema inmunológico o de defensas. Además, pueden tomarse muestras de sangre para realizar cultivos y observar si crecen microorganismos que causan enfermedades infecciosas, con el fin de detectarlos y ver además cómo se comportan exactamente y la sensibilidad que muestran a diferentes antibióticos.

Los análisis de sangre son una herramienta de gran utilidad para el diagnóstico.

¿Cómo se hace un análisis de sangre?

Las muestras para analizar la sangre pueden tomarse de una vena (que lleva la sangre al corazón) o de una arteria (que transporta la sangre desde el corazón). Si sólo son necesarias unas gotas (por ejemplo, para controlar el azúcar en un enfermo de diabetes) basta con hacer una pequeña punción en la yema de un dedo y aplicar una ligera presión para que salga la sangre necesaria.

La mayoría de los análisis de sangre se hacen con muestras de sangre venosa (por lo general de las venas cercanas al codo). Primero se hace resaltar la vena a puncionar con una goma elástica atada alrededor del brazo, lo cual, aunque es molesto, facilita la extracción. A continuación, la zona se limpia con alcohol y se introduce la aguja en la vena. Esta aguja se conecta con una jeringuilla o con envases de baja presión, hasta que se haya extraído la suficiente cantidad de sangre. Se retira la aguja y se presiona con un trozo de algodón encima de la herida, para posteriormente colocar un apósito.

Si se debe extraer sangre de una arteria, como por ejemplo en el caso de la gasometría arterial, generalmente se hace en la muñeca, ya que hay una arteria muy próxima a la piel. Esta extracción es más molesta, dado que en las arterias hay terminaciones nerviosas. Tras la extracción, hay que hacer una presión fuerte sobre la zona durante 5 minutos para detener la hemorragia.

Algunas personas son muy sensibles ante la visión de agujas y su propia sangre, y pueden desvanecerse en el momento de la extracción. Por ello, las extracciones deben hacerse sentados o tumbados, y al menor síntoma de mareo, se debe avisar a la persona que hace la extracción.

Otras pruebas

Visite nuestra sección 'Pruebas diagnósticas' y encontrará información sobre las más frecuentes:

¿Qué se analiza de la sangre?

La sangre tiene dos elementos principales, el líquido (plasma) y las células, de las que hay tres tipos: glóbulos rojos (hematíes), glóbulos blancos (leucocitos) y plaquetas.

A continuación se describen los análisis más elementales:

Hemograma

En este análisis, se hace un recuento de los diferentes tipos de células de la sangre, que son:

Glóbulos rojos (Hematíes o eritrocitos): son las células encargadas de transportar el oxígeno a los tejidos, y de limpiarlos de anhídrido carbónico gracias a una proteína llamada hemoglobina. Con el hemograma, podemos conocer la cantidad de hemoglobina en sangre y el número de hematíes. Otro dato importante es el volumen corpuscular (VCM), que indica el tamaño de los glóbulos rojos. Una persona con anemia tendrá unos niveles de hemoglobina más bajos de lo normal, y según el tamaño de esos glóbulos rojos se diferencian varios tipos de anemia.

También se obtiene el hematocrito, que mide el porcentaje de volumen que ocupan los glóbulos rojos con respecto al volumen total sanguíneo. Casi todas las anemias provocan niveles bajos de hematocrito (es decir, disminución de glóbulos rojos) igual que ocurre en las hemorragias importantes. En cambio, los niveles altos de hematocrito suelen estar producidos por deshidratación a causa de una deficiente ingestión de líquidos o por la pérdida de agua en casos de diarreas, quemaduras y determinados tipos de cirugías, o por exceso de glóbulos rojos.

También se analiza el color de los glóbulos rojos de modo que si se encuentran pálidos -hipocrómicos- suele indicar anemia por falta de hierro, y la forma, que puede indicar una anemia falciforme o una anemia perniciosa. Pero para ver la forma de los hematíes, es necesario extender la sangre sobre un portaobjetos y observarlos al microscopio.

También pueden añadirse colorantes a las extensiones de sangre para detectar parásitos (en los casos de malaria y enfermedad del sueño) o bacterias.

Glóbulos blancos (Leucocitos): son las células que nos defienden de las infecciones. El hemograma realiza un recuento total del número, así como de la determinación de los diferentes tipos en sangre (lo que se denomina recuento leucocitario).

El número de leucocitos suele elevarse en infecciones bacterianas, quemaduras y hemorragias, y con menor frecuencia a consecuencia de leucemia, cáncer o malaria.

La disminución del número de glóbulos blancos puede deberse a enfermedades autoinmunes (es decir, los anticuerpos que combaten a los agentes de la enfermedad se vuelven contra el propio organismo), infecciones víricas, y con menor frecuencia, por efecto de algunos fármacos.

El recuento de los glóbulos blancos es útil para vigilar la evolución de las enfermedades, y de este modo modificar los tratamientos si es necesario.

Plaquetas: El hemograma también realiza un recuento de las plaquetas. Las plaquetas son pequeñas células que se agrupan entre sí en las zonas de los vasos sanguíneos que han sufrido un daño. Son la base de la coagulación de la sangre.

Las personas con bajos niveles de plaquetas tienen mayor riesgo de sufrir hemorragias, incluso sin que haya una lesión. Algunas causas de los bajos niveles de plaquetas son: las enfermedades autoinmunitarias (el organismo produce anticuerpos contra sus propias plaquetas), la quimioterapia, algunos fármacos, las leucemias y algunas infecciones víricas.

El aumento en el número de plaquetas hace a la persona más proclive a formar coágulos. Esto ocurre en algunas enfermedades de la medula ósea, tales como la trombocitosis esencial o la policitemia vera.

Otros tipos de análisis

Otro análisis elemental es el de la bioquímica sanguínea, a través del cual se puede conocer el nivel de iones, el azúcar, el colesterol, las proteínas en sangre y las funciones del riñón y el hígado. También se pueden hacer otros análisis como el estudio de la coagulación, estudio inmunológico, etc.

¿Qué es un estudio de coagulación?

Cuando se descubre un desorden de la coagulación, bien porque la sangre no coagule lo suficiente o porque lo haga demasiado, se necesitan análisis adicionales. En el análisis de la coagulación se mide la capacidad de la sangre para llevar a cabo la coagulación. También se hacen análisis de coagulación antes de someter a un paciente a una operación quirúrgica.

Cuando una vena resulta dañada, se forma un pequeño coágulo en su interior, formado por plaquetas y unas proteínas del plasma llamadas factores de la coagulación.

Una persona sangrará más de lo normal si tiene un numero bajo de plaquetas o si sus factores de la coagulación están ausentes o no funcionan correctamente. Esto requiere más análisis y se puede medir con un estudio de coagulación. Algunos desórdenes en los factores de la coagulación son hereditarios (por ejemplo la hemofilia), pero también pueden deberse a trastornos hepáticos (ya que el hígado produce muchos factores de la coagulación), o al efecto de algunos fármacos.

Algunas enfermedades requieren tratamiento con fármacos anticoagulantes como la warfarina o las cumarinas (Acenocumarol o Sintrom), y en esos pacientes hay que hacer análisis periódicos de la coagulación, para ajustar las dosis de la medicación.





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