Otros trastornos alimentarios: no solo existen anorexia y bulimia

Al decir “trastorno alimentario” todo el mundo piensa en anorexia o bulimia. Desde luego, de ambos se habla constantemente en los medios, como no podía por ser menos: es horrible ver a alguien atrapado hasta el punto de dejarse morir, literalmente, de hambre, como puede llegar a suceder. Pero no sólo existen ésos, hay otros varios, cada uno de los cuales causa sus propios problemas y síntomas. Veamos las diferentes formas que puede tener un trastorno alimentario.

Anorexia

La anorexia es relativamente común entre los perfeccionistas, personas con un deseo obsesivo de búsqueda de la excelencia. Hay dos tipos de anorexia; la restrictiva, en la que el paciente limita la ingestión de alimentos para mantener un peso bajo y que frecuentemente va acompañada de un ejercicio excesivo; y la anorexia con tendencias bulímicas. La diferencia entre esta última y la bulimia propiamente dicha es muy sutil, y se estableció fundamentalmente a efectos del tratamiento. Es el mismo caso que, por ejemplo, la neumonía y la bronquitis: ambos son trastornos del aparato respiratorio y comparten algunos síntomas, pero se tratan de diferente manera.

Bulimia

Los pacientes de bulimia intentan controlar el peso induciendo el vómito tras haber comido. Normalmente comen de más –se dan atracones– y lo remedian vaciando el estómago. Generalmente se avergüenzan de sufrirla, lo que les impide buscar ayuda. Perciben su propia dependencia de la enfermedad y muchos pacientes se preguntan quiénes serían sin ella, cómo podrían vivir sin el trastorno.

Algunos factores de riesgo

El British Medical Journal cita algunos factores de riesgo de padecer anorexia y bulimia:

  • Ser mujer. Aclaremos: no por ser mujer existe mayor riesgo; lo que dice el BMJ es que, entre anoréxicos y bulímicos, la proporción es de 1 hombre por cada 10 mujeres.
  • Trabajar o tener un hobbie que impela a estar delgado: bailarines, gimnastas, modelos. Entre hombre en mayor medida, los culturistas o los luchadores.
  • Baja auto-estima. Creerse disminuido para cualquier cosa.
  • Pretender ser perfecto y no conformarse con menos.
  • Sentirse infeliz con su peso y la forma de su cuerpo. Burlas de los demás sobre ello.
  • Haber sufrido abusos en la niñez.
  • Tristeza, no ser capaz de superar algún suceso grave.

Tanto la anorexia como la bulimia son trastornos emocionales muy complejos. Aunque pueda parecer que se trata solo de una obsesión por la comida, la realidad es que esconden profundos conflictos emocionales que deben resolverse.

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Ortorexia

Quienes padecen este trastorno tienen la obsesión por comer sano o, mejor dicho, por lo que ellos creen que es comer sano. Lo que puede empezar simplemente como un régimen para mejorar la salud puede convertirse en algo que provoca estados de angustia y ansiedad en caso de saltarse esa supuesta dieta beneficiosa. Suelen ser muy rígidos con su ingesta alimentaria.

Hay una línea muy sutil entre comer sano y esa conducta obsesiva, por lo que el trastorno no es sencillo de curar. Los síntomas pueden incluir exceso de ejercicio, ansiedad por los efectos sobre la salud de los diferentes alimentos, toma excesiva de vitaminas y otros suplementos dietéticos y una conducta obsesivo-compulsiva en lo referente a la preparación y la limpieza a la hora de cocinar.

El atracón, o el comer compulsivamente

Su relación con la comida es compulsiva e incluye momentos de comer excesivamente, seguidos de sentimientos de culpa, vergüenza y desesperación. Puede no ser fácil ocultar los síntomas, pero demasiado a menudo la gente no los reconoce como propios de un trastorno alimentario. Incluyen comer grandes cantidades de una sentada, esconder la comida, comer frecuentemente solo y agorafobia: cuando no se quiere salir de casa.

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Es un trastorno relativamente común en nuestra sociedad.

Diabulimia, o ED-DMT1

Este trastorno es específico de los diabéticos tipo 1, y consiste en que los pacientes reducen conscientemente la dosis correcta de insulina con la intención de adelgazar. El trastorno se puede manifestar con síntomas parecidos a la anorexia, aunque puede parecer que comen adecuadamente. Es poco conocido, y puede pasar desapercibido incluso a los endocrinólogos e internistas. Las consecuencias pueden ser desastrosas.

Trastorno dismórfico corporal (BDD)

El BDD (siglas de Body Dismorphic Disorder) va mucho más allá que un sentimiento de inseguridad con el propio aspecto. Es una obsesión por un rasgo o un ligero defecto, a veces imaginario, y siempre exacerbado por el paciente. Puede tratarse de un rasgo facial, de una parte precisa del cuerpo o de una preocupación por la simetría corporal o las proporciones.

Los síntomas son muy variados y se presentan de diferentes maneras: pueden evitarse los espejos, los pacientes pasan horas pensando en el “problema”, se comparan constantemente con otras personas o rebuscan formas sofisticadas de ocultar el área que les obsesiona.

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Masticar y escupir

Es otra forma de reducir la ingestión de comida. En este caso, los pacientes se niegan a sí mismos el placer de tragar la comida que se introducen en la boca y que mastican. No permiten que los alimentos lleguen al aparato digestivo, igual que la intención de fondo con la bulimia. Este trastorno permite al paciente probar comida que en circunstancias normales no se permitiría.

Trastorno alimentario selectivo

Se presenta habitualmente en niños, pero se puede producir en adultos cuando desarrollan un sentimiento negativo hacia cierto tipo de platos, o a ciertas texturas o sabores. Habitualmente solo comen determinados alimentos y se sienten angustiados cuando se les pone delante otros.

Todos estos trastornos –algunos muy graves– tienen tratamientos específicos y pueden curarse por completo. En caso de tener cerca alguien cuyo comportamiento con la comida o con su imagen corporal sea poco normal, asegúrese de compartir sus pensamientos con él, para que busque consejo profesional.


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